Estoy en la cama. Ya son las dos de la mañana y le sigo dando vueltas a todo lo que pasó este día que ya se fue. Estoy cansada, creo que pasé por todas las sensaciones posibles para un ser humano y ahora, reducida a un médium insensible, genero ideas para organizar mi cabeza y por lo tanto mi mundo.
No siento nada. Eso me recuerda el miedo que dices tenerle a la indiferencia, a vivir las cosas de una manera ligera, a llevártela fácil, a ser un turista de la vida. Creo que todos caemos en este estado apoltronado algunas veces. Se nos exige demasiado, siempre un poco más de lo que podemos dar. Es una puerta muy estrecha.
Me parece que hoy experimenté por primera vez los verdaderos celos... Sí, esos legendarios estremecimientos que han ocasionado guerras, muertes, infiernos. Me encontré manejando en la noche como una loca, con el ruido que ahora le ha dado por hacer a mi coche a todo lo que da y con la sensación de que su fuente era mi cabeza, mojada porque me salí de tu casa en media lluvia; repitiendo, a veces gritando: ¡pinche vieja! Como un leiv motiv from hell. No podía dejar de llorar.
Tampoco podía pensar muy bien, pero algunas ideas cruzaron mi mente – y creo que todas ellas eran una especie de castigo para ti- ¡no le voy a hablar! Y si me llama no le contesto... Me voy a quedar con Paulina y que no sepa dónde estoy. Ya no lo vuelvo a... no sé, no le importo, me dejó irme así y me cerró la puerta. Me voy a Metepec, sí, a huevo, es lo mejor. Nuestro amor ya no es el mismo y antes de que se apague por completo o de que me estrelle por manejar así... estoy muy estresada, tengo miedo... estoy sola.
Pensé que tal vez tú te sentías solo... pensé en lo valiente que fuiste al decirme lo que pasó y no quería juzgarte, ni que sintieras culpa y te terminé marcando para hacerte sentir mejor. Sí, para reconfortar a mi verdugo...
Ahora pienso en lo que dirían muchas mujeres de mi generación, que me tomarían por una pendeja. Hoy justamente participé en una plática donde se juzgaban este tipo de actitudes usando como referencia a las heroínas de Lars Von Tierre. No busco ser una de ellas, en realidad me molestan un poco, pero reconozco que hay en ellas algo bello y firme que me falta. Lo dan todo. Hasta la nostalgia que siempre implica el vaciarse, consiguiendo el desmayo último en el que ya no se espera nada a cambio.
Yo, al contrario, espero mucho. Siempre más, siempre más... en eso me parezco a ti... Aquí hay un hueco en mi razonamiento. Siento apenas el recuerdo de un enojo muy grande y un vago bienestar.
Sé que hice bien. Me siento bien porque te busqué para arreglar las cosas y porque gané una férrea batalla contra mí misma, e incluso contra las ganas de hacerte daño haciéndome daño. Pero aún tengo un cosquilleo en las entrañas. Quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, me hiere en mi más burda mezquindad. Por ahora actué noblemente, pero sé que no lo voy a olvidar durante un rato. Por eso tengo miedo de no poder pasar esta difícil prueba en los momentos tensos que sigan.
Me gustaría pedirte ayuda. Entonces te recordaría, -para ilustrarlo mejor y para asegurarme que te quedara bien claro-, la manera en que yo te platico sobre mis “coqueteos inocentes” y te tranquilizo haciéndote mi cómplice, siempre más cercano a mí en tanto que no te guardo ningún secreto. Claro que esto sería pensar como yo pienso y de alguna manera querer pensar por ti y, de nuevo, juzgarte. Finalmente no serviría de nada. No sería estéticamente bello como los rescates gratuitos a Plectrude de último momento. Ya lo sé..
Es sólo que quiero pensar que podemos hacerlo bello, dos personas que se quieren (sigo pensando que la compasión es la base del amor) deberían entenderse... No sólo intentarlo. La compasión siempre entiende.
No siento nada. Eso me recuerda el miedo que dices tenerle a la indiferencia, a vivir las cosas de una manera ligera, a llevártela fácil, a ser un turista de la vida. Creo que todos caemos en este estado apoltronado algunas veces. Se nos exige demasiado, siempre un poco más de lo que podemos dar. Es una puerta muy estrecha.
Me parece que hoy experimenté por primera vez los verdaderos celos... Sí, esos legendarios estremecimientos que han ocasionado guerras, muertes, infiernos. Me encontré manejando en la noche como una loca, con el ruido que ahora le ha dado por hacer a mi coche a todo lo que da y con la sensación de que su fuente era mi cabeza, mojada porque me salí de tu casa en media lluvia; repitiendo, a veces gritando: ¡pinche vieja! Como un leiv motiv from hell. No podía dejar de llorar.
Tampoco podía pensar muy bien, pero algunas ideas cruzaron mi mente – y creo que todas ellas eran una especie de castigo para ti- ¡no le voy a hablar! Y si me llama no le contesto... Me voy a quedar con Paulina y que no sepa dónde estoy. Ya no lo vuelvo a... no sé, no le importo, me dejó irme así y me cerró la puerta. Me voy a Metepec, sí, a huevo, es lo mejor. Nuestro amor ya no es el mismo y antes de que se apague por completo o de que me estrelle por manejar así... estoy muy estresada, tengo miedo... estoy sola.
Pensé que tal vez tú te sentías solo... pensé en lo valiente que fuiste al decirme lo que pasó y no quería juzgarte, ni que sintieras culpa y te terminé marcando para hacerte sentir mejor. Sí, para reconfortar a mi verdugo...
Ahora pienso en lo que dirían muchas mujeres de mi generación, que me tomarían por una pendeja. Hoy justamente participé en una plática donde se juzgaban este tipo de actitudes usando como referencia a las heroínas de Lars Von Tierre. No busco ser una de ellas, en realidad me molestan un poco, pero reconozco que hay en ellas algo bello y firme que me falta. Lo dan todo. Hasta la nostalgia que siempre implica el vaciarse, consiguiendo el desmayo último en el que ya no se espera nada a cambio.
Yo, al contrario, espero mucho. Siempre más, siempre más... en eso me parezco a ti... Aquí hay un hueco en mi razonamiento. Siento apenas el recuerdo de un enojo muy grande y un vago bienestar.
Sé que hice bien. Me siento bien porque te busqué para arreglar las cosas y porque gané una férrea batalla contra mí misma, e incluso contra las ganas de hacerte daño haciéndome daño. Pero aún tengo un cosquilleo en las entrañas. Quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, quiero que no haya pasado, me hiere en mi más burda mezquindad. Por ahora actué noblemente, pero sé que no lo voy a olvidar durante un rato. Por eso tengo miedo de no poder pasar esta difícil prueba en los momentos tensos que sigan.
Me gustaría pedirte ayuda. Entonces te recordaría, -para ilustrarlo mejor y para asegurarme que te quedara bien claro-, la manera en que yo te platico sobre mis “coqueteos inocentes” y te tranquilizo haciéndote mi cómplice, siempre más cercano a mí en tanto que no te guardo ningún secreto. Claro que esto sería pensar como yo pienso y de alguna manera querer pensar por ti y, de nuevo, juzgarte. Finalmente no serviría de nada. No sería estéticamente bello como los rescates gratuitos a Plectrude de último momento. Ya lo sé..
Es sólo que quiero pensar que podemos hacerlo bello, dos personas que se quieren (sigo pensando que la compasión es la base del amor) deberían entenderse... No sólo intentarlo. La compasión siempre entiende.
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